Solidaridad en la línea fronteriza

ANÁHUAC, NL.- En el nombre lleva la penitencia. Pero esta vez la condena resultó ser una recompensa para el Puente Internacional Colombia-Solidaridad.

Nunca antes en su historia habían cruzado tal cantidad de tractos con carga proveniente de distintos puntos, mexicanos y estadounidenses, como ha ocurrido en los pasados cuatro días.

Desde este punto de la frontera, Hugo González sonríe para sí mismo y no oculta su emoción por ser parte de este momento. Sabe que ésta es una oportunidad de oro y, sin duda, tendrá que aprovecharla.

La suerte de este cruce fronterizo, el único en Nuevo León, cambió la tarde del domingo 21 de mayo cuando una tromba azotó sin previo aviso las instalaciones de la aduana de Nuevo Laredo, Tamaulipas, y Laredo, Texas.

Ahí se encuentra el Puente III de Comercio Mundial, por donde cruza el 40% del intercambio comercial entre México y Estados Unidos. Ahora mismo se encuentra semiparalizado.

El Servicio de Administración Tributaria (SAT) informó la noche del jueves que ya se encuentran operando cuatro carriles del Puente III, de la Aduana de Nuevo Laredo. “En dichos carriles se puede realizar la importación para empresas certificadas en México y para operaciones a través de los recintos fiscalizados, que incluye entre otros cárnicos, alimentos y perecederos”, afirmó.

Mientras las autoridades de ambos lados de la frontera continúan “curando” sus propias heridas por el paso del fenómeno natural, se decidió que Colombia tendría que ser el principal apoyo ante esta contingencia.

Y así lo ha hecho, a pesar de sus detractores.

INVITACIÓN
Saludo y platico con Hugo González, previo a la inauguración de Expo Proveedores de Transporte, mientras esperamos la llegada de Jaime Rodríguez, “el Bronco”, gobernador del estado.

El Director General de la Corporación para el Desarrollo de la Zona Fronteriza de Nuevo León (Codefront), administrador del puente Colombia, no se resiste a tocar el tema y, entre varias de mis preguntas, afirma que sí han tenido un aforo excesivo, con filas extensas para realizar el cruce, “pero no de 20 kilómetros” como se ha afirmado entre la industria y los medios de comunicación locales.

Me extiende una invitación, la cual acepto, para constatar de primera mano lo que ocurre en Colombia, un puente fronterizo impulsado y desarrollado en tiempos de Carlos Salinas de Gortari.

VIAJE FRONTERIZO
Partimos en camioneta, muy habituales en el norte, muy temprano por la mañana del jueves. Desde Monterrey y hasta Colombia, un camino semidesértico y en parte montañoso, hacemos en total un tiempo de dos horas y cuarenta minutos.

Cuando llegamos a la entrada de Colombia –situado en el municipio de Anáhuac- vemos la fila de tractos que se extiende por la carretera federal número 2, provenientes de la 85, que conecta a Nuevo Laredo con Monterrey.

Al ingresar se observa trabajar entre las unidades pesadas a la gente de Aduanas, desplazadas del Puente III de Comercio Mundial para la ocasión. Dividen a la carga por origen de validación. A la derecha, los que ya utilizan a Colombia de manera habitual y, a la izquierda, los usuarios de Nuevo Laredo.

Me acerco a platicar al azar con un operador. Es un transfer. Le pregunto cuánto tiempo lleva esperando. Responde que una hora, desde que llegó a formarse hasta ese punto. Le pregunto cuánto tiempo en promedio le toma pasar, en un día normal, por Nuevo Laredo. Responde rápidamente y entre risas nerviosas que entre cuatro y cinco horas.

Cuando le cuestiono porqué cruza entonces por Nuevo Laredo y no por Colombia, responde que “allá hay menores revisiones”.

Tomamos rumbo al límite de la frontera dentro del puente Colombia. Las instalaciones de aduanas de México han sido dispuestas para operar de siete de la mañana a doce de la noche para operaciones de exportación, y las veinticuatro horas para la importación.

Tras salir del reconocimiento aduanero, donde no me es permitido pasar y ni siquiera tomar una foto, los tractos se enfilan hacia las casetas de peaje de Colombia. Ahí el flujo es más rápido. Del otro lado, del estadounidense, no hay fila hacia su importación. Pero sí para los que quieren ingresar a México.

A Hugo González le gusta recordar que puente Colombia cuenta con la ISO 28001 de seguridad en la cadena de suministro, una certificación que le dio puntos para obtener el Premio Nacional de Logística 2016. Me lo comenta cuando salimos de las instalaciones del puente, para tomar rumbo a la carretera a Nuevo Laredo para constatar el largo de la fila.

Desde la entrada de Colombia y hasta el último camión formado contamos 4.2 kilómetros en el odómetro de la camioneta.

El aforo habitual de Colombia son cuatro mil cruces diarios, en importación y exportación. La contingencia de Nuevo Laredo le suma unos ocho mil más.

Hugo espera que algunas de estas empresas transportistas o los propios usuarios del transporte que están conociendo por primera vez a Colombia y las instalaciones, cuenta también con varios cuerpos enfocados a la seguridad (policía, Ejército y Marina), prefieran hacer un cambio en sus decisiones logísticas y tomen rumbo a este puente internacional.

Y tiene un as bajo la manga que aún espera para colocarlo en la mesa. Se trata del proyecto de la carretera Colombia-La Gloria, con el que conectará con la carretera 85 para agilizar la llegada a sus instalaciones.

Superada esta contingencia, la supuesta “rivalidad” entre Colombia y Nuevo Laredo tendrá que desaparecer y habría que considerar un proyecto fronterizo más bien regional y no sólo competir por el cruce de la carga y los ingresos que se quedan, a través de los impuestos cobrados, para los municipios implicados.

Sólo así la solidaridad en la frontera podría ser una solidaridad duradera.

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